En el panóptico

Y de nuevo no puedo más. Me falta el aire, respiro profundamente pero no llega a mis pulmones. En mitad de la ciudad, postrado en el suelo, siento como los síntomas de mi agonía vuelven a aparecer. Sin causa aparente, sin defecto físico, sin enfermedad crónica, siento que muero. Me miran y no se detienen, no son conscientes de que ellos mismos me provocan ésto, de que son los culpables de que la felicidad no sea mi aliada. No estoy atado, pero no puedo caminar, no soy mudo, pero no puedo hablar, nada me asfixia y me cuesta respirar. No estoy preparado para esta la gran urbe, con sus cientos de transeúntes que me miran incesantes, pupilas fijas en mí ser, comisuras de ojos que se abren y cierran sin parar mientras yo, en el suelo, me percato de todo. Busco mi intimidad allá donde vaya y cada vez se me hace más difícil. Cada movimiento que realizo queda registrado, mientras me quemo en mi interior. Me encuentro en una cárcel de vasto perímetro, concretamente en un panóptico. Estoy en esa celda donde cada detalle queda minuciosamente escrutado por aquellos que me vigilan. No pido ayuda ni compasión, sólo quiero que me devuelvan mi libertad, mi intimidad, mi vida. No me gusta ser observado. Tengo el derecho a elegir, y yo elijo gritar. Grito por lo que pienso, grito por lo que siento, grito por la indiferencia de la sociedad y por último grito por mí. En mitad de la ciudad, ciego, mudo y atado, me levanto, los miro y grito por que quiero.

1 comentario:

Antonio García dijo...

Hola:

Buscando sobre el panóptico te encontré.

La libertad desaparece con el control del espacio. Los edificios están dispuestos de tal manera que siempre se pueda ejercer el control sobre las personas que están dentro. Pensemos en un hospital, en un centro de enseñanza o en un lugar de trabajo. Allí donde te encuentres, siempre serás detectable.

Ahora el control también se encuentra en los espacios públicos, las cámaras de videovigilancia se encuentran por doquier, en los cajeros automáticos, en determinados edificios por motivos de seguridad, para el control del tráfico...

A la sociedad no le interesa la libertad porque esta no engendra orden, coherencia social, agrupación provechosa, sino más bien la fragmentación de actividades, individualización y atomización social. La Libertad provoca miedo, angustia: inquieta al individuo, que se encuentra frente a sí mismo, dudando, ante la posibilidad de elegir y experimentar así el peso de la responsabilidad; pero incomoda igualmente a la sociedad, que prefiere personajes integrados en el proyecto asignado a cada uno, antes que una multiplicidad de piezas interpretadas por pequeños grupos de individuos.

saludos