Como tú...

No tienes voto en tus decisiones y simplemente eres espectador sumiso de tus acciones. Te levantas cada día para hacer lo contrario a lo que piensas justo antes de acostarte. Intentas salir de la monotonía en la que te encuentras preso, pero no es fácil. No es fácil cuando tienes en cuenta las personas que te rodean, cuando ellas esperan algo de ti, cuando realmente te importa lo que te digan y te afecta lo que piensen. Te ríes de ti mismo por ser tan manipulable, pero te gusta que piensen por ti. Tienes miedo a equivocarte, y te dejas llevar por la corriente. En tu miserable vida al menos tendrás un resquicio de consuelo al saber que si te equivocas no fue culpa tuya, tranquilo, simplemente te aconsejaron mal. Te rodeas de gente sin destino, gente como tú, gente que necesita de los demás prácticamente para llevar su vida. Estás infectado. El virus de la sumisión esta tan aferrado a ti como tus propias mentiras. Te automutilas mintiéndote a ti mismo, pero al menos haciéndolo no llegas al borde de la autodestrucción. Sabes que si no fuera por tu capacidad de imaginación ya no estarías entre los vivos, necesitas tanto de ella como de tus antidepresivos. La dosis de diazepam recorre cada una de tus arterias, cada una de tus venas, sangre saturada, sangre sucia. Te sientes bien por momentos, parece que todo vuelve a la normalidad, ves como todo se desarrolla acorde con tus sentimientos, tienes una vida perfecta, un trabajo perfecto, una pareja perfecta… ¡Mentiras! Te rodean a donde vayas, son como costras adheridas a tu piel, las ves claramente, pero arrancártelas duele, es mejor que caigan por si solas. Las alargas hasta el infinito esperando que tu vida quede solucionada por alguna de ellas. ¡Despierta! Vuelve a tu vida, tus antidepresivos te han abandonado, el efecto placentero de bienestar no te acompaña, vuelves a estar cara acara con lo que mas temes, con lo que mas odias, contigo mismo. ¡Acaba con esto de una vez!, te repites, ¿para que sigues? Te cuestionas. Pero la respuesta viene por si sola… eres un cobarde. Llora cuanto puedas, derrama hasta la última lágrima, grita en el suelo, revuélcate y patalea, es lo único que puedes hacer, lo único que sabes hacer. Que yo te observo y me río, me río por que en el fondo no somos tan diferentes.

3 comentarios:

lotuyonotienenombre dijo...

muy crudamente bueno neph. te dejo que se me está acabando el diazepam.

Anónimo dijo...

Estilo! Estilo cierto y contenido (olvidamos los "clichés" tipo la gran ciudad, de acuerdo). En conjunto: bueno.

Hasta qué punto de autobiografia hace falta ponerle en un texto para que llegué a ser bueno ? "Madame Bovary c'est moi" dijo EL... Hasta qué punto ? Y llegado este punto, no es lo contrario de lo que dices ? Si: la expresión de la frustración no es ya la transgresión de lo que provoca la frustración ? La creación artística como liberación, como oposición. En fin, la creación como fabrica de yogures pasados de fecha !

Anónimo dijo...

Es patético ver que no eres la única que esta encerrada en ese circulo de la cobardía de no saber o poder decir ¡Hasta aqui!, de pensar que todo lo que eres no es por ti, sino por la gente que tienes alrededor... y que pasen los dias sin saber que rumbo tomar y sigas tomando el rumbo que te dictan los demás, no se como tomar mi rumbo, como escapar de este circulo, como hacer para ver lo que soy realmente sin tener que mirarme en el espejo, y ver solo lo que ven en mi los demás, y verme mi propio corazón.